Conference at Santiago de Compostela

Theme: Pilgrimages to Fatima

Print Mail Pdf
share  Facebook   Twitter   Technorati   Delicious   Yahoo Bookmark   Google Bookmark   Microsoft Live   Ok Notizie

comp

A conference at Santiago de Compostela saw Monsignor Azevedo intervene with a talk the "Origins and characteristics of pilgrimage to Fatima." ...

Summary

To study the sanctuary of Fatima as a place of pilgrimage is to open up to a complex anthropological phenomenon and a charismatic place to exercise the sense of faith of a people. I wish to contribute to the understanding of how the vision of the shepherd girls in an unimportant place has transformed into a proposal of international proportions.

I analyse the role of ecclesial mediation, the socio-political and economic context of Portugal in 1917, the impulsive movement of pilgrims, the structures to support pilgrims, the passage from national to international sanctuary. Pilgrims come with their own individual stories and are called to transform contemporary society by the Gospel, through the perspective of God and the openness of Mary.  

Complete Text (in Spanish)

Orígenes y características de la peregrinación a Fátima

Santiago de Compostela

20-06-2017

Estudiar el Santuario de Fátima como lugar de peregrinación es encontrarnos con un fenómeno antropológico complejo y un lugar carismático del ejercicio del sentido de la fe de un pueblo. Quiero contribuir para percibir cómo las visiones de los pastorcitos en un lugar irrelevante se transformará en una propuesta de alcance internacional y multitudinario.[1]

 

1.      Entre videntes y peregrinos: el papel de mediación eclesial

La grande cuestión subyacente a toda polémica sobre Fátima se sitúa, en mi opinión, en la capacidad de percibir el lugar de las mediaciones entre la religiosidad popular y la visión cristiana de Dios. La teología tiene la tarea de percibir las devociones del pueblo cristiano como modo sencillo de encarnar el mensaje y abrir estas prácticas a la globalidad de la Revelación y a la comunión eclesial. La condescendencia divina valora las facultades de los videntes y profetas y respeta los límites de su acogida, se ayuda de su imaginario infantil. Si Fátima permanece con notable impacto no se debe sólo a la autenticidad sencilla e infantil de sus inicios, sino a la capacidad que tuvieron los mediadores de los hechos y del mensaje, para retirar de la imaginación rudimentaria una respuesta a las situaciones históricas vividas por las personas, individualmente mendigas de señales divinas, que en su itinerario por Fátima llenen su vida de sentido e iluminen los pasos oscuros en las sucesivas crisis y dificultades. El respeto por la energía de la fe de los peregrinos constituye el primer paso para lanzar la propuesta de un humanismo plenamente humano.

La verdadera visión cristiana, en el seguimiento de Jesús, no pude manipular a Dios, sino buscar siempre dejar brillar su luz, en continua purificación. La sabiduría de ser verdadero servidor de la mediación, entre videntes y peregrinos de todo tiempo, es la mayor virtud de un santuario. Puede abogarse porque los que frecuentan un santuario saben a lo que vienen y toman poco en cuenta los servicios eclesiales. Los peregrinos, al transformarse en protagonistas o al menos en personajes que acogen un mensaje, revitalizan, en su mirar sobre la vida, las visiones iniciales.

Si las visiones no pretenden ofrecer novedades teológicas ni alimentar curiosidades y continúan a generar tanta procura y, en el caso de Fátima, a nivel internacional y a diversos sectores sociales, demuestra ser una interpelación y una consolación para la realidad presente, despertando cada conciencia para transformar la vida a partir del interior.

El momento histórico, en sus dimensiones sociopolíticas, culturales y religiosas es el humus donde las “revelaciones privadas” son acogidas. Las visiones interiores suceden en un tejido real de la situación concreta, cual provocación para curar y salvar el tiempo; traer luz para discernir, con más urgencia, los caminos a recorrer; avisar a la humanidad, con sentido profético, de los pasos falsos y suscitar verdaderas actitudes, ante las perturbaciones exigentes de conversión. De esta amplitud expresiva sigue conocer el terreno sea religioso, sea político o cultural que sirve de escenario y permite percibir más cabalmente el contenido del evento de las visiones.

 

2.      La coyuntura sociopolítica y económica de Portugal en 1917

La regularidad del tiempo es interrumpida por años en los que la condensación de hechos demarca una agitación única en la evolución pacífica de los días. Pareciera que 1917 fuera una de esas fechas. En el amplio territorio de Europa, de Iberia a Siberia, suenan campanas de cambio profundo, surgen acontecimientos capaces de alterar el sentido de la historia, de nivel universal al local.

Europa era teatro de guerra cruel y estúpida que diezmaba la población. La Primera Guerra Mundial, traía sufrimiento a muchas familias[2]. La entrada de Portugal en la guerra trajo derramamiento de sangre. En enero de 1917 comenzaron a desembarcar en Francia los primeros contingentes del Cuerpo Expedicionario Portugués. La República no había conseguido recuperarse de la crisis financiera heredada de la Monarquía. La movilización militar sucedía en el seno de un clima de agitación social, escasez de bienes y de grave situación financiera. A la inestabilidad gobernativa se sumaba el descontento de la guerra, la decepción popular y las tensiones culturales. Las poblaciones estaban privadas de muchos bienes de primera necesidad. Los precios subían. Las personas se veían sumidas en problemas sin cuenta.

La onda de materialismo, de ateísmo anticlerical y de conocimiento supuestamente científico contrasta con el país real, pobre, ignorante, con entrañable religiosidad.

La secularización emergente va más allá de la justa autonomía entre política y religión para dominar y controlar e incluso perseguir la dimensión religiosa del pueblo. Las persecuciones a la Iglesia, la apropiación de bienes, la prohibición de manifestaciones de culto fue sumando una energía reprimida, una presión lista para explotar en Fátima.

El fenómeno de Fátima era para los libre-pensadores un testimonio palpitante del clericalismo explotador del pueblo inculto. No se consideraba la energía de la religión popular. Lo que está, realmente, en juego en Fátima no es tanto la relación Iglesia y Estado, sino la religiosidad de un pueblo y la combativa y militante ideología de una laicismo republicano radical.

 

3.      Impulsivo movimiento de peregrinación

Los personajes de los videntes, sus impresiones y emociones hacen una sola cosa con las visiones y diversos mensajes. Son niños pequeños y sencillos de Aljustrel, desprovistos de saber y lejanos del poder, disponibles a acoger el grito de alarma del sufrimiento de un pueblo que era el sufrimiento de Dios, y serán portavoces de las consecuencias ruinosas de la ausencia de Dios. Son creaturas frágiles, vulnerables y limitadas, geográfica y culturalmente, que intervienen en la historia del siglo XX: para implorar la paz mediante la oración perseverante, mediante la adoración y mediante el sacrificio que descentran de sí; a vivir una actitud reparadora capaz de reconstruir el resultado del caos humano; a apelar la conversión de lo esencial que conduzca a la construcción de un mundo nuevo.

El centro de todo el fenómeno de Fátima está en el mensaje, no en los personajes, en las biografías o en los detalles descriptivos. Al evocar los principales constructores de la memoria de los orígenes fuimos acogiendo el impulsivo movimiento de peregrinación. Ahora los protagonistas son los peregrinos. Son ellos y ellas quienes hacen que siga viva la cadena de testimonios. La inmensidad de luz que es identificada como luz de Dios, ilumina a cada persona que se acerca al santuario. Preocupación de los pastores de la Iglesia Católica es mantener cristiana (plenamente humanizadora) esa búsqueda, esa aspiración de trascendente que brota de muchas y variadas declinaciones experienciales. Pero es fundamental la atención recíproca entre quien llega peregrino, proveniente de una diversidad de razones y emociones, que a su vez, a lo largo de los años ha sufrido alteraciones. Quien acoge y orienta el santuario, quien repite y modela el mensaje, se sitúa entre una propuesta originaria y una permanente relectura que responda a los anhelos sucesivos de los peregrinos. La vitalidad de un santuario está en la capacidad para comunicar, de modo innovador, a quien busca los nuevos sentidos y los nuevos significados. Construir procesos de acercamiento al centro de las experiencias de una relación personal con María exige renovación pastoral.

El 13 de mayo de 1917 sucede la primera visión sólo con los tres niños que sienten el apelo a regresar ahí los próximos días 13. En junio, Lucía y los primos van ansiosos y no se dejan perturbar por las personas que los abordan en el camino. Serán unas sesenta personas (Documentação critica de Fátima, Vol. 1, Fátima, Santuário, 1992 = DCF 1, p. 81). Llegados al pie de la encina, los tres pastorcitos se arrodillan y comienzan a rezar el rosario y el clima se serena. Las personas presentes no ven nada. Quedan desilusionadas. Algunas dicen haber visto eco luminoso en los ojos de los pastorcitos. La Cova da Iria torna al silencio. Los pastorcitos sienten que deben desarrollar una misión y regresan a casa, entre la lluvia de preguntas de las personas presentes. Son circunspectos, con respuestas monosílabas y lacónicas. El rostro de los pastorcitos transmite, de cualquier modo, la fuerza de una experiencia espiritual muy fuerte.

La visión del 13 de julio está rodeada de gran tensión. Es la visión de grandes revelaciones, la más dramática y la que más hará hablar de Fátima en los años sucesivos. Viven el gran “secreto” que abre un rasgo de sentido sobre el futuro de la humanidad. Ahora crece el número de personas (de cuatro a cinco mil) que desde la víspera acampan en los alrededores. La noticia de las visiones de los pastorcitos se propagó, así como las dudas y hostilidades, se encuentran, en la fe sencilla, acogida y curiosidad. Pero una vez, cuando los pastorcitos rezan el rosario, la visión se materializa con brillo habitual sobre los ramos de la encina. Escuchan la Señora pedir venir el día 13 siguiente, para continuar a rezar el rosario por la paz en el mundo y para el fin de la guerra. El pueblo que envuelve los niños, de ojos atraídos por el cielo, vive esos momentos en silencio, sin ver ni escuchar nada exteriormente, pero muchos vibran en su interior, sienten arrepentimiento, lloran.

El día 13 de agosto acude mucha gente: de quince a dieciocho mil (DCF 1, p.272). De la casa del párroco acaban en la prisión de Ourém. Los videntes quedan presos en casa del Administrador y no pueden asistir al encuentro en la Cova da Iria. El quince de agosto, los niños fueron entregados al Párroco. La visión del diecinueve de agosto ocurre en Valinhos. Apenas asiste João el hermano de Jacinta.

El 13 de septiembre, la multitud incluía curiosos, devotos, necesitados de sanación y cargados de sufrimiento que suplicaban, gritaban a los pastorcitos sus dolores y angustias, imploraban intercesión para sus aflicciones. El párroco calcula de veinticinco a treinta mil personas (DCF 1, p. 272). Los pastorcitos son buscados por muchas personas: quieren verlos, hablarles, confiar sus penosas situaciones, entregar recomendaciones a Santa María. La espontánea atracción por lo maravilloso y lo sobrenatural mueve. El número de participantes crece de manera vertiginosa (DCF 1, p.60).

En octubre, el Administrador se divide entre escuchar a su mujer, que lo aconseja a dejar fluir los hechos, y su recelo de algo sobrenatural poniendo en cuestión el poder laico. Por su autoridad puede pedir el cordón policial e impedir el acceso a Cova da Iria. Pero la dimensión comercial, con tanta gente a desplazarse, los albergues llenos y el movimiento de la opinión pública hacen al Administrador sacar cuentas de la desventaja de una intervención. En la multitud encontramos varios tipos de personas: creyentes y no creyentes, gente de zonas rurales y urbanas, analfabetos y cultos, libre-pensadores y periodistas. Ante sus ojos observadores, un espectáculo que merece una visión sociológica. Todos rezan el rosario. Humanamente es fantástico. Los tres pastorcitos se arrodillan junto a la encina, sin ramos, adornada con rosas y cintas de seda. Rodeada aproximadamente de cincuenta a sesenta mil personas.

Se espera la revelación de la identidad de la Señora y la confirmación de las visiones como un prodigio espantoso. La noticia del fenómeno de Cova da Iria está alargando su espacio y crea enorme expectativa. El número de las personas que desde la víspera se traslada a la Cova da Iria es impresionante. El día siguiente, la noticia estaba en los periódicos. Avelino de Almeida, periodista de O Século,  no creyente, narra el “espectáculo único e increíble”, el sol parece un “disco de plata” y puede mirarse sin problema. La procesión de los devotos y curiosos se mantiene días y días, frente a la casa de los videntes. Los periódicos católicos son prudentes y cuando relatan los hechos dejan salvaguardada la voz de la autoridad sobre el valor y la autenticidad de las experiencias.

El sitio de las visiones fue señalado con un arco rústico, adornado con flores y cintas, ya para el 13 de octubre. En la noche del 22  todo fue arrancado y llevado para Santarém. No satisfechos con un escrito demoledor, se pasa a los gestos. Así pues, de noche, una escuadra de hombres llegaron en automóvil y destruyeron el arco y arrancaron la encina. La voluntad de poner fin a aquellas supersticiones y cancelar las señales de lo ocurrido es clara. Por algunos días la Cova da Iria queda desierta. Sólo algunos curiosos pretenden testimoniar con sus propios ojos lo acontecido.

El párroco de Fátima, por presión de los parroquianos, pide, el ocho de enero de 1918, al cardenal Patriarca de Lisboa la construcción de una capilla (DCF, Vol.3/1 doc. 357,824).

El padre de Lucía, antes de su muerte, el treinta y uno de julio de 1919, autorizó la construcción de la capilla en el lugar de las visiones. El párroco de Fátima informaba al Patriarcado, en abril de 1919, que ya existían limosnas y que el pueblo quería una capilla, para obedecer el deseo de María. La capilla habría sido construida entre el veintiocho de abril y el quince de junio de 1919 con donaciones de las personas, por suscripción pública.

La imagen de Santa María fue ofrecida por Gilberto Fernandes dos Santos (1892-1964), de Torres Novas (DCF 3/2), en 1920. Sería bendecida en la iglesia parroquial el 13 de mayo de 1920 por el párroco P. Manuel Bento Moreira. Por ser prohibidas las procesiones, la imagen sólo fue colocada en la capillita el 13 de junio.

La conciencia católica se sentía agredida y tomaba puntos de referencia para fundamentar su identidad colectiva. El catorce de septiembre de 1921  fue firmada, en Vila Nova De Ourém, la escritura de compra de dos terrenos (DCF 3/3). Ese día el obispo fue por primera vez a Cova da Iria. Observó, recogió información y rezó en la capillita. Después con su autorización, el día 13 de octubre de 1921, se celebró la primer misa en el pórtico de la capillita. El 13 de noviembre se celebraría con la presencia de dieciocho mil personas.

La Capillita fue dinamitada de domingo a lunes con cuatro terribles petardos, hacia las tres de la mañana del día seis de marzo de 1922. Los diputados católicos protestan. El hecho provoca renovada atención de la población y además de las peregrinaciones, que habían proseguido los días 13, aumenta la romería de desagravio. Al 13 de marzo se calculan cuatro mil personas (el imparcial O Século 15-03-1922), al 13 de mayo de 1922 cerca de cincuenta mil (DCF 4/1). La adhesión de las masas populares pesa y ahora los líderes del movimiento católico se animan. Esta espontaneidad de adhesión impresiona a la jerarquía, y comienza a acoger esta experiencia como diversa de otras contemporáneas. Los entes de gobierno se dividen entre la represión a “una parada de fuerzas reaccionarias” y el desprestigio del régimen que implicaba impedir las manifestaciones religiosas (DCF 4/1). Los acontecimientos de Fátima son utilizados para una enorme polémica ideológica entre pro-monárquicos y republicanos. Los diarios favorables llaman a Fátima “altar erguido en el corazón de las multitudes” (O Dia 16-05-1922), capaz de robustecer la fe en Portugal. El entusiasmo popular obedecía a un sentimiento y crecía vigorosamente la necesidad de creer.

El Obispo crea una Comisión para analizar el fenómeno. D. José Correia da Silva no espera el fin del proceso para avanzar, en la clara convicción del resultado final positivo. Datan ya del obispo los primeros actos de culto: la primera Misa campal ahí celebrada el 13 de octubre de 1921. Dinamitada la capilla, fue reconstruida entre el 13 de noviembre y el 13 de enero de 1924. El obispo sigue tomando decisiones, sin demoras: estructura canónicamente el Santuario de Fátima (1921); en 1922 fue creado el periódico mensual A Voz da Fátima (13-10-1922), periódico de propaganda del santuario, que es distribuido en octubre de 1922, cuando acuden a Fátima cerca de cuarenta mil personas de todo el país y ahí reciben ejemplares del periódico y estampas con la imagen de la Señora del Rosario[3]. Sería el gran órgano de difusión del santuario y del mensaje en Portugal y en el mundo entero, debido a traducciones.

Fátima seguía congregando multitudes, a pesar de la amenaza de prohibición. El 13 de octubre de 1924 son ciento cincuenta mil peregrinos, obligando a los sesenta soldados a retirarse en fiasco (DCF 4/3). La prohibición de hacer romería a Fátima era considerada por el periódico Novidades como “el más brutal atentado del gobierno a la libertad de los católicos” (13-10-1924). Se cuestiona la ley vigente y se apela a los católicos para que dejen la comodidad y la cobardía, la indolencia. El mismo periódico (16-10-1924) considera que “esta persecución férrea tiene la gracia de cambiar a los escépticos en creyentes” y en esta persecución “sólo consiguen adornar de prestigio un movimiento ingenuo” (DCF 4/3). Clarividente es la posición de A Época (21-10-1924): “Fátima es una demostración de un divorcio que viene de lejos: el divorcio entre el vínculo jurídico del estado y vínculo moral de la nación” (DCF 4/3). La pasividad, conformismo y división de los católicos, en el terreno político, contrastaba con la fe, patente el Fátima. Este contraste denuncia la debilidad cristiana y evangélica de las motivaciones para acudir a Fátima.

Poco a poco, la jerarquía de la Iglesia va percibiendo que en Fátima tiene un instrumento potente que sirve a sus intenciones: con la adhesión del pueblo puede enfrentar la ideología republicana, laicista.

A finales de 1924, la campaña contra Fátima entra en una nueva fase, con estrategia diversa. Las autoridades civiles dejan de intervenir en lo que sucede en la Cova da Iria. La prensa republicana se orienta a denunciar el comercio y los diarios católicos difunden las peregrinaciones y valoran el renacimiento religioso del pueblo.

En 1924 es instituida la Asociación de los Siervos (después servitas) de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, para apoyar a los peregrinos. En 1926  se crea la rama femenil.

Los periódicos comienzan a percibir la dinámica del Obispo y lo apuntan en su ataque. Él “vino a dar aliento a la mistificación e inteligente como es, procede con discreción y prudencia” (Livre Pensamento, 15-10-1924 – DCF 4/3).

 

4.      Estructuras de apoyo para los peregrinos

En 1924 fue colocada la primera piedra del hospital para enfermos, que sería inaugurado en 1929. Una provisión episcopal para reglamentar las peregrinaciones fue publicada en 1925. El 13 de mayo de 1925 hay Misa y procesión de enfermos. La afluencia de peregrinos es calculada entre cien mil y doscientos mil. Comienzan a ser conocidas bendiciones de imágenes de la Señora de Fátima, hechas por los Obispos en sus diócesis, en 1925, 1926 y 1927 (DCF 4/4).

En 1926 se inauguró un puesto de verificaciones médicas. El 13 de mayo atiende a 200 enfermos (DCF 4/4). Aun así, en 1926 comienzan a producirse materiales de apoyo a las peregrinaciones. En ese año es publicado el Manual del Peregrino de Fátima. Es aprobada la letra del canto y música del Ave de Lourdes (17-02-1926), así como la oración nacionalista que acompaña la estampa con el Ángel de la Guarda para presentar Portugal a Nuestra Señora[4]. En mayo de 1926 el Obispo aprueba una novena dedicada a la Señora de Fátima. En junio de 1926 comenzó el montaje de una vía-sacra, inaugurada por el Obispo de Leiria el 26 de junio de 1927. Terminó con una Misa campal. Fue la primera señal oficial pública con la presencia del prelado local. A partir de 1926 varios Obispos, a título privado, quisieron conocer Fátima. En ese año merecerá la visita del Nuncio Mons. Nicotra, el 1 de noviembre (DCF 4/4). Y le siguieron otros.

El 13 de julio de 1927, el Obispo creó la capellanía en el Santuario. Desde 1927 destaca el modelo de peregrinación que se ha perpetuado hasta el día de hoy. En la víspera, la procesión de las velas y, el día 13, la procesión con las andas y Misa con enfermos, regresando al final a la capillita (DCF 5/1). En 1928, se edificó la capilla para las confesiones y se inicia la construcción de la iglesia y de otras estructuras. El 13 de octubre de 1927 será el turno del Obispo de Beja. Los periódicos hicieron eco de su discurso patriótico: el gran milagro es la “fe profunda de Portugal católico, la fe que ha de salvar a Portugal” (DCF 5/1). Encabezando una peregrinación diocesana, D. Marcelino António Maria Franco, Obispo de Algarve, visitó Fátima. La Congregación de los Ritos concedió en 1927, por cinco años, la posibilidad de celebrar Misa votiva de Nuestra Señora del Rosario, en la Cova da Iria. En 1928 se edificaron las primeras infraestructuras pastorales e inició la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario; en 1930 comenzaron los retiros espirituales.

Fátima aparecía ya como consagrada con la presencia de tantos obispos y el nombramiento del capellán y faltaba terminar la investigación[5]. Los diarios comenzaron a hablar del futuro urbanístico y el desarrollo religioso, todavía con dimensión sólo nacional. (DCF 5/1). Entre las peregrinaciones que llegan a Cova da Iria está, por ejemplo, la de Porto, con ochocientas personas que se desplazan en tren, en agosto de 1927.

El 13 de mayo de 1928 tiene como predicador al Arzobispo de Évora. Sigue una misma visión positiva nacionalista, después de una “hora en que voces fatídicas anunciaban el ocaso de la fe en nuestra tierra”.

El 3 de junio de 1928, el periódico L’Osservatore Romano relata la peregrinación del 13 de mayo anterior (DCF 5/1, doc.218). El Nuncio Apostólico Giovanni Beda Cardinale (1869-1933), nombrado el 21 de junio de 1928, visita oficialmente el santuario el 1 de octubre. En ese año las peregrinaciones diocesanas y nacionales crecen, al punto de registrarse el 13 de octubre de 1928 cerca de trescientas mil personas. La Basílica de Nuestra Señora del Rosario fue dedicada el 7 de octubre de 1953[6]. Crece la oferta tanto de objetos de culto doméstico como la difusión de imágenes en iglesias[7]. El turismo obliga la creación de infraestructura hotelera y de carreteras.

Incluso antes de la aprobación de la autenticidad de las visiones, el nuevo poder político muestra un claro apoyo, muy patente con la presencia del Presidente de la República, General Óscar Carmona y de varios ministros, incluyendo Salazar, en la bendición de la nueva central eléctrica del Santuario de Fátima el 12 de mayo de 1929 (DCF 5/2, doc. 657, 661). El hecho de que la Iglesia Católica procurase con la centralidad de Fátima mostrar y afirmar la autonomía de la religión ante el poder civil, hizo aliar la realidad del Estado Nuevo en la colaboración y el fomento de este elemento de cohesión nacional.

Paulatinamente creadas, por la inteligente conducción del Obispo de Leiria, las condiciones materiales para la acogida de los peregrinos, cuando llegó la declaración de autenticidad del acontecimiento originario inmediatamente estaba creado el santuario nacional, fundamental para la idea de restauración católica, que presidía todo el desarrollo del proceso, en la mente de los obispos y de los laicos más comprometidos. El ideario del santuario se compaginaba con la necesidad de salvación nacional, con el deseo de paz, con la propuesta de conversión y penitencia, con la entrega defensora de Portugal al Corazón de Jesús y de María.

La prudencia del clero y de los obispos hasta 1930 fue fundamental. El 13 de octubre de 1930 la carta pastoral del Obispo de Leiria afirmaba la veracidad de las visiones a los niños y autorizaba la primera Peregrinación Nacional y fue hecha la consagración reparadora de Portugal al Corazón Inmaculado de María con el episcopado. El episcopado para responder a las solicitudes del mensaje de Fátima, consagraba Portugal al Corazón Inmaculado de María.

 

5.      El paso de santuario nacional a internacional

En 1937, el Obispo de Leiria escribió al Papa Pío XI, comunicando que el Santuario de Cova da Iria era “el mayor centro de piedad de Portugal y que su devoción se había extendido en muchas naciones”. Desde 1929 se aumenta la difusión internacional con la traducción de artículos de la Voz da Fátima, con la publicación del libro de Ludwig Fischer (1890-1957), profesor de historia en Bamberg (DCF 5/3). Desde que vino en peregrinación en mayo de 1929, se convirtió un incansable divulgador de Fátima con innumerables conferencias y libros traducidos en varias lenguas[8]. Dio a conocer Fátima en Alemania, Austria, Holanda, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rumanía.

El fenómeno logra superar la fase apretada, en los tiempos de la primera República, para que los católicos afirmen ahora la conciencia de un elemento regenerador de la patria.

En 1941, el Santuario logra la autonomía de la jurisdicción parroquial y se encuentra bajo la dependencia del obispo.

En el contexto de las guerras, la guerra civil de España (1936-1939) y la II Guerra Mundial (1939-1945), el mensaje adquiere resonancia internacional. En este sentido, se sitúa la decisión del Papa Pío XII de consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María, el 31 de octubre de 1942, para cerrar los veinticinco años de las visiones de Fátima, que coincide con su ordenación episcopal.

El fenómeno de Fátima alcanzó dimensiones mundiales y el santuario no deja de, mediante la imagen peregrina, corresponder a una amplia cercanía a todos los continentes. Estos traslados comienzan en 1947[9].  La llamada Virgen Peregrina no se detiene, recorriendo todos los países del mundo. La tomaron como instrumentalización política, subrayando una paz contra el comunismo o el sistema económico socialista. Para la internacionalización del evento se fundaron organizaciones como la Pía Unión de los Cruzados de Fátima (1934) y el Ejército Azul en los Estados Unidos de América (1947).

A partir de 1948, el recinto va tomando forma, con la nivelación del terreno, la demolición de casas particulares, creando un plan de reforestación y procediendo a la compra de terrenos de los parques. En 1951, son trasladados los restos mortales de Jacinta y de Francisco del cementerio de Fátima al santuario. Para cerrar el Año Santo viene a Fátima, como enviado papal, el Cardenal Federico Tedeschini (1837-1959), señal de una cada vez mayor sintonía del Papa con el fenómeno espiritual de la Cova da Iria.

En Fátima, la dimensión milagrosa fue dando lugar a una centrada conversión interior y personal, que valora al individuo y su proceso de camino al trascendente. Fátima se aleja de constituirse un lugar de romería, fiesta y culto popular para ser progresivamente un lugar de peregrinación y de manifestación religiosa de masas, pero donde el núcleo se acentúa en la conversión personal. La vertiente de expiación, integrada en la conversión, es una de las facetas del mundo espiritual católico que el santuario fue integrando.

Fátima se confirma como núcleo de referencia esencial en la restauración católica, con adhesión entusiasta de las poblaciones rurales, aunque el fenómeno sea socialmente transversal.

La memoria del lugar como centro de peregrinación, motivada por las visiones, permite algo más relevante, como la divulgación del mensaje. Por un lado, las visiones constituyen un modo eficaz que permite a la multitud de peregrinos acceder a un juicio sobre el presente, por otro lado, comunica de modo sencillo el sentido profundo de la historia, al modo y estilo de la experiencia cristiana.

La experiencia de la oración marca la comunicación del evento Fátima[10]. Una oración determinada por el momento: el rosario; con objetivos concretos: el perdón de los pecados, la conversión de los pecadores, la paz en el mundo; con efectos: escapar al peligro de caer en una vida infernal y sobre todo entrar en la participación de la gracia de la gloria de Dios.

Sucesivos elementos contribuirán para la hermenéutica de los fenómenos de Fátima: se inicia con la Primera Guerra Mundial y la fiebre bubónica, continúa con ecos de la guerra civil española, pasa por la Segunda Guerra Mundial y por los regímenes comunistas y llega al atentado del Papa Juan Pablo II, el día 13 de mayo de 1981.

En la década de los 60’s aparece como espacio de confianza, de promesa en la tribulación de la guerra colonial y de la emigración. Surgieron críticas a la religiosidad vivida en Fátima, en cuanto que fomentaba una sumisión, que amansa la disidencia católica en relación a la situación política, sin coraje para un viraje profético. Sería posteriormente valorizado el peso de la dimensión sociopolítica del mensaje[11].

Es sintomática la inspiración que el político cristiano italiano Giorgio La Pira saca del “misterio de Fátima”, que adopta como principio inspirador de su política. Logra organizar en plena Guerra Fría una peregrinación de Fátima a Kiev en 1959[12]. El florentino veía en Fátima el anuncio de una nueva era, marcada por el renacimiento religioso de las naciones y por la consolidación de la paz.

Fátima se confirma claramente como centro de dinamización pastoral, en consecuencia con el II Concilio Vaticano. Y después del 25 de abril de 1974 colabora, con predicación y actividades de formación, para asumir ser un lugar de expresión de la libertad y poco a poco se convierte en conciencia viva de lo que sucede en el mundo y resuena en la oración y en la celebración del santuario. Existe una preocupación por purificar y espiritualizar la devoción popular y natural, procurando cristianizarla.

En situaciones de extrema impotencia humana, si se vive la humildad del abandono, la poderosa mano materna de Dios se muestra en el cambio de los corazones.

 

6.      Los peregrinos convocados para transformar la historia

Los peregrinos, al acercarse al lugar, entran en una historia, inicialmente la historia de las visiones y después en la historia de la experiencia cristiana. Sucesivamente, las motivaciones – quizá individuales – que los llevaron al santuario se convierten en historia colectiva del pueblo de Dios y de los miembros de la humanidad. De un simple problema individual, las visiones educan y preparan a una experiencia del ser Iglesia, favorece los itinerarios de crecimiento de la experiencia personal de fe. En la peregrinación a Fátima, el fiel se encuentra con un contenido que ayuda a interpretar el presente y lo cotidiano. Fátima ayuda a establecer un tejido de vínculos que permite interpretar y juzgar evangélicamente la historia. Ayuda a colocar el presente en la luz del destino último del mundo, en la perspectiva del reino venidero. De ese análisis surge un mecanismo de conversión que dirige la vida en correspondencia con la construcción de un mundo nuevo, con el apremio de que lee la realidad a la luz de la Palabra de Dios. Orienta hacia las metas auténticas, de amor y misericordia, de paz resistente y de fuerte liberación del mal.

La visión cristiana de Dios, conductor de la historia, no se opone a la construcción de una humanidad fraterna, al contrario, es su fundamento. Esta conciencia cristiana de un Dios despertador de la responsabilidad humana, no olvida el drama del mal. Una presencia, capaz de cuestionar a la Iglesia y a la humanidad, urge cuando el rostro del mal se multiplica en mil caretas: totalitarismo político, aniquilamiento de la dignidad humana, corrupción e injusticia, vigencia de los seductores sistemas de negación pragmática de Dios, ateísmo militante y laicismo radical, violencia perversa que destruye las poblaciones, la naturaleza y la cultura. El mensaje de Fátima toca este amargo drama de la historia e interpela fuertemente el pecado banalizado y hasta justificado, cual barrera de una humanidad auténtica.

La irradiación de la paz que Fátima emana, como resultado de la conversión y de la oración. En los corazones de los peregrinos, en la fe sencilla del pueblo cristiano y en el corazón de la humanidad puede crecer este anhelo de paz, generador de una ambiente abierto a una conciencia ética, jurídica y política en favor de la paz en el mundo.

Testimoniar la fe cristiana y traducirla proféticamente, en el tiempo justo, contará con oposición y rechazo. La libertad, frente a las corrientes económicas y políticas que oprimen la dignidad humana, causa incomprensiones y muchos ataques. La propuesta de caminos de salvación que rompan el pensamiento prefabricado y movilicen la esperanza, maltratada por falta de éxodo, tiene adversarios ciegos por los intereses prepotentes. La persecución realizada a los cristianos en este inicio del siglo XXI y en los últimos años, prevista en el Evangelio y recordada en el mensaje de Fátima, pide a la Iglesia coraje para que se mantenga, como María y con María, al pie de la cruz. La renovación de la fidelidad al Evangelio de Jesús y a la “fantasía” en el servicio innovador a los más pobres enfrentan, actualmente: las cegueras fundamentalistas, los legalistas de servicio, el terrorismo destructor y visiones deficientes del ser humano.

El mensaje de Fátima sigue traduciéndose en los simples mendigos de Dios, que llama y envía, acogedores de sus pobres signos, totalmente consagrados, como María y con María, a configurar hoy una existencia de amor solidario y compasivo, que repare los males que aquejan el mundo. Las olas de maldad reaparecen, parecieran desmedidas, pero siempre tienen un fin, y sobre todo más pronto, cuando encuentran quien las detenga con un amor sin medida, alimentado en la oración que inclina la vida al Dios vivo.

 

 

 

 

[1] Para un estudio más desarrollado puede verse AZEVEDO, Carlos A. Moreira – Fátima: das visões dos pastorinhos à visão cristã. Lisboa: A Esfera dos livros, 2017.

 

 

[2] Según datos recogidos por Luís Torgal, una de cada trece familias portuguesas tendría a alguien en la guerra, dejando heridos o muertos en los frente de batalla africana y europea cerca de 35.623 portugueses, algunos naturales de la feligresía de Fátima (TORGAL, Luís Filipe – As “aparições de Fátima” Imagens e representações. Lisboa: Temas e debates, 2002, p. 19, nota 2),

 

 

[3] FORMIGÃO, Manuel Nunes (Visconde de Montelo) – As grandes maravilhas de Fátima. Apresentação de Arnaldo Pinto Cardoso. Lisboa: Aletheia, 2014, p. 129.

 

 

[4] Ver AZEVEDO, Carlos A. Moreira – Religiosidade popular. In ENCICLOPÉDIA de Fátima. Dir. Carlos A. Moreira Azevedo; Luciano Cristino. Lisboa: Principia, 2007, pp. 459-474.

 

 

 

[5] Se critica la lentitud y el reporte, que pareciera un conjunto de retazos de textos de Formigão, aunque sirvió para el rigor de la crítica (ALONSO, J. M. – Historia critica del Processo Diocesano de Fatima. Ephemerides Mariologicae. 19 (1969) 279-340).

 

 

[6] Sería elevada a categoría de basílica menor a finales de 1954. En agosto será turno de la peregrinación de la Cruzada Nacional D. Nuno Alvares Pereira. Las autoridades cuidan con las policías para el buen orden de las peregrinaciones y el poder político comienza su presencia en los actos más relevantes (DCF 5,1). El 9 de enero de 1929 el Papa Pío XI ofrece a los alumnos del Colegio Portugués en Roma estampas de Nuestra Señora de Fátima y el 6 de diciembre bendijo la imagen para el mismo Colegio. El Dr. Afonso Lopes Vieira pronuncia una conferencia sobre la “Señora de Fátima” en la Sociedad de Geografía de Lisboa el 5 de febrero de 1929 en una sesión promovida por la Nunciatura al conmemorar la coronación de Pío XI, con la asistencia del Jefe de Estado, miembros del Gobierno, cuerpo diplomático (DCF 5/2, doc. 456). L’Osservatore Romano vuelve a publicar un reportaje en 1929 destacándolo en la primera página (DCF 5/2, doc. 776).

 

 

[7] Ver la inusual exposición AZEVEDO, Carlos A. Moreira - A visibilidade do invisível. In MEMÓRIAS sinais afectos: nos 90 anos das Aparições de Fátima, Catálogo da Exposição. Lisboa: Patriarcado de Lisboa, 2007, p. 7-8.

 

 

[8] Ver CRISTINO, Luciano – Fischer, Ludwig. In ENCICLOPÉDIA de Fátima, p. 229-230.

 

 

[9] Ver SARMIENTO, A. M. – La virgen Peregrina, un nuevo medio de apostolado. In TEOLOGIA de Fátima, p. 179-218. Foi ideia do pároco de Berlim Padre Frohaan, em carta de 13 de outubro de 1945, dirigida a J. Maritain, Embaixador da França no Vaticano.

 

 

[10] Cf. MORUJÃO, Manuel de Fátima – O convite insistente à oração na mensagem de Fátima. In FENOMENOLOGIA e teologia das Aparições, Actas do Congresso Internacional de Fátima, 1997. Fátima 1998, pp. 531-556.

 

 

[11] Ver BOFF, Clodovis - Fátima: a mais política das aparições marianas. In Mensagem de esperança para o mundo: acontecimento e significado de Fátima. Fátima: Santuário, 2012, p. 167-237.

 

 

[12] Cf. FONDAZIONE “GIORGIO LA PIRA” - La Pira e il mistero di Fatima, In FÁTIMA e a Paz. Actas do Congresso Internacional sobre Fátima e a Paz no 75° aniversário das aparições (8-12/5/1992). Fátima: Santuário, 1993, pp. 241-259.