Bienes Culturales

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Icono de la Virgen Abogada. Monasterio de las Dominicanas en Monte Mario, Roma

El término “bien cultural” entró en el lenguaje eclesiástico con el vigente Código de Derecho Canónico (CIC/1983 can. 1283 §2). Sin embargo, la Iglesia católica desde antes mediante la legislación del Estado Pontificio y luego con la legislación canónica universal, ha contribuido notablemente a la puntualización del concepto de “patrimonio cultural” que se ha venido formando en el curso del siglo XIX. (Discurso por el XX aniversario de la Comisión Pontificia de los Bienes Culturales, 26 de noviembre de 2009 [en italiano]).

La atención de la Iglesia hacia tal realidad es tan alta que el beato Juan Pablo II instituyó en 1988 una Comisión con la tarea de presidir la tutela del patrimonio histórico y artístico de toda la Iglesia  (cfr Costitución Apostólica Pastor bonus, art. 99 ) y que en 1993 fue denominada Comisión Pontificia para los Bienes Culturales de la Iglesia  (Motu proprio Inde a Pontificatus). El Papa Benedicto XVI unió esta Comisión al Consejo Pontificio de la Cultura en 2012 (Motu proprio Pulchritudinis Fidei) transfiriéndole al Consejo tareas y prerrogativas.

Son contados entre los bienes culturales las obras de arte (arquitectónicas y cualquier manufactura producida con cualquier técnica), especialmente del pasado (aunque también obras contemporáneas en las cuales sea reconocido un valor histórico), las cuales deben ser custodiadas y conservadas con la máxima diligencia. La tutela de tales bienes continúa también después de que su uso específico haya venido a menos: en tal caso los bienes serán convenientemente expuestos en los museos eclesiásticos o en otros lugares adaptados para ser apreciados por el público (cfr. Pastor bonus, 100). Al patrimonio artístico se agrega el acervo de archivos e instrumentos conservados en las bibliotecas, constituido por documentos que atestiguan la vida y la acción pastoral, así como los derechos y los deberes de los entes eclesiásticos –a quienes compete principalmente su cuidado– (cfr. Pastor bonus, 101 §1). En todos los casos, dichos bienes y las respectivas instituciones de conservación deben ser confiados a personal competente “para que dichos testimonios no se pierdan” (cfr. Pastor bonus 101 §2).

Si la tipología de los bienes culturales es análoga a la definida por las legislaciones estatales civiles, la óptica a través de la cual son vistos por la Iglesia es sobre todo religiosa, es decir, testimonio de la vida de fe de la comunidad cristiana y, por ende, cultural. Según la definición del Papa Juan Pablo II, son bienes “puestos al servicio de la misión de la Iglesia”, expresión de la vida litúrgica, de la piedad y de la caridad. La doctrina sobre los bienes culturales eclesiásticos ha recibido cierto impulso sea por los discursos del Papa de la antigua Comisión Pontificia, sea de los documentos elaborados por esta última.

Será ahora el Consejo Pontificio de la Cultura –a través del Departamento para los Bienes Culturales– el que colabore con los organismos episcopales apropiados, establecidos al interno de las Conferencias Episcopales para la recolección y la custodia de todo el patrimonio artístico e histórico, interviniendo, si es necesario, para la constitución de museos, bibliotecas y archivos eclesiásticos. Será su tarea, además, vigilar sobre el libre acceso a tal patrimonio de parte de todos los que tengan interés en ello (Pastor bonus 102).

Asimismo, al Consejo le es confiada la tarea, eminentemente cultural, de hacer que el pueblo de Dios, a partir de sus pastores, sea educado en apreciar la importancia de tal patrimonio histórico y artístico y a darse cuenta de la necesidad de conservarlo y valorarlo. Tal empresa corresponde al Consejo de Cultura consultando a las Congregaciones para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos (a quien competen las cuestiones inherentes a la música, el arte y la arquitectura sacra), con la Congregación para el Clero y con la Congregación para la Educación Católica (a quienes compete la formación académica de presbíteros y laicos).

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